Lisboa, una ciudad de ensueño

Viajar a Lisboa es una experiencia que quedará impresa en la memoria del visitante. Ese aire de romanticismo decadente de sus cafés, edificios y tranvías. Los aromas hermanados del Atlántico con el río Tajo que se siente mientras paseas por sus calles adoquinadas, la animación de sus plazas repletas de apasionadas conversaciones, su gastronomía, la melancolía que el fado transmite cuando se escucha en los barrios de Madragoa, Alfama o Bairro Alto. Un continuo sentir de cómo palpita el corazón de esta anciana, pero majestuosa dama, llamada Lisboa.

Dice la leyenda que fue Ulises quien la fundó, en su regreso a casa tras la guerra de Troya. Pero fuera de leyendas, posiblemente fueron los fenicios quienes fundaron Lisboa, sobre el 1100 a.C. y la llamaron Olissipo, nombre derivado de Allis Ubo, que significa “puerto seguro” en fenicio. Por lo tanto, es la segunda capital europea por antigüedad tras Atenas, incluso antes que Roma.

Su situación geo-estratégica hizo que fuera una ciudad muy deseada por todos los pueblos que tuvieran intereses tanto militares como de comercio marítimo. Por ella pasaron fenicios, griegos, cartagineses hasta que en el 205 a.C. fue conquistada por el Imperio Romano, llamándola Felicitas Iulia e incorporándola a Lusitania. Después pasaron godos, suevos y visigodos y con estos últimos se llamó Ulishbona. En el año 714 fue conquistada por las huestes islámicas de Abd al-Aziz ibn Musa que se sintieron mejor que en su casa y se quedaron alrededor de 400 años, desde el siglo VIII al XII. La ciudad pasó a llamarse Al-Ushbuna y fue una ciudad portuaria tan importante que la fortificaron, siendo el primer núcleo del Castillo de San Jorge. Aun quedan vestigios de este periodo musulmán en el Barrio de Alfama.
La reconquista definitiva de la ciudad se produjo oficialmente el 1 de Noviembre de 1147 gracias a Don Alfonso Henriques, primer Rey de Portugal, apoyado por la flota de la Segunda Cruzada. Una de las primeras decisiones que se tomó fue convertir la gran mezquita de siete cúpulas, en lo que hoy se conoce por la Catedral de Lisboa, la Sé.

En 1373 la ciudad fue saqueada por Enrique II de Castilla, por lo que el rey luso Fernando I hizo construir unas murallas como protección para sus 40.000 habitantes. Después, la peste negra arrasó la ciudad y la economía se derrumbó hasta la llegada de la prosperidad en la Era de los Descubrimientos, entrados ya en el siglo XV.
El 26 de enero de 1531 la ciudad sufrió un terremoto en el cual murieron miles de personas. Aun así, las riquezas obtenidas con el comercio de especias, junto con las que procedían de Brasil, convirtieron a la ciudad en una potencia comercial europea.

Pero Lisboa aun no había conocido su mayor desgracia. Sobre las 9:30am del día 1 de Noviembre de 1755 fue sacudida por un gran terremoto que destruyó más del 75% de la ciudad, sólo se salvaron los barrios de Alfama y de Mouraria, protegidos por la colina de São Jorge y los de Ajuda y Belém. Para que os hagáis una idea de su magnitud, ha sido catalogado como 9/10 de la escala Ritchter. A su vez, el terremoto originó tres maremotos que arrasaron 50 minutos más tarde la costa lisboeta en particular y el sur de Portugal en general y causando estragos en ambos lados del Océano. La ciudad quedó arrasada entre el terremoto, los Tsunamis y los incendios que estuvieron activos casi una semana. Las bajas mortales se calculan cercanas a los 100.000 personas en la zona de Lisboa donde vivían 275.000, pero también los hubo en Marruecos y en España, donde se contabilizaron más de 4.500, la mayoría en la costa del Golfo de Cádiz.

En el verano de 1998, esta vieja Dama, tuvo otro gran susto cuando un incendio causó grandes daños en el bohemio barrio de Chiado. Parece ser que todo comenzó en una tienda de la Rua do Carmo y llegó a alcanzar la famosa Rua Garrett, afectando a negocios, viviendas, oficinas e importantes edificios del siglo XVIII. Tras su restauración el Chiado vuelve a ser lugar unos de los lugares favoritos para disfrutar de restaurantes, teatros, librerías, tiendas de moda y cómo no locales nocturnos donde disfrutar hasta el amanecer.

¿QUÉ VISITAR?


Lisboa tiene cinco barrios que son de visita obligada: Belém, Alfama, La Baixa, Chiado y Bairro Alto. En Belém, junto al cauce del río Tajo y al otro lado de la autopista IP7, se encuentra algunos de los monumentos más bonitos de Lisboa como son La Torre y el Monasterio de los Jerónimos (s.XVI) donde está enterrado Vasco de Gama (ambos declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco), el Jardín de Ultramar, el Museo Nacional de Coches (carruajes) y el Monumento a los Descubridores.

Los otros cuatro barrios están contiguos unos de otros. Alfama, el barrio más alejado del mar que como ya os comenté anteriormente le protegió de los tsunamis del terremoto de 1755, por lo que conserva el viejo trazado urbanístico de kasbahs árabe, con calles estrechas que parten del Castillo de San Jorge en fuerte desnivel, con trazados irregulares y escaleras empinadas por lo que es adecuado visitarlo con calzado cómodo. Desde la Edad Media fue la zona donde han vivido pescadores y obreros. Aquí a demás de recorrer sus pintorescas callejuelas se debe visitar el Castillo de San Jorge, la Catedral, la iglesia de la Madre de Dios, la de San Vicente de Fora y el Palacete “Casa dos Bicos”del siglo XVI.


La Baixa, el corazón de la ciudad, su nudo principal de comunicaciones. Arrasado en el terremoto, fue reconstruido bajo las directrices del Marqués de Pombal que reorganizó el barrio como un damero, con un estilo muy racionalista. Su calle central es la Rua Augusta que acaba en la Praça do Comercio, un espacio abierto al estuario donde estuvo el Palacio Real.


La Plaza del Rossio o Praça de Pedro IV, la Iglesia Nossa Senhora da Conceiçao, edificio manuelino, la Praça da Figueira (donde antes del terremoto estaba el Hospital de Todos Los Santos), el Teatro Nacional de Dona Maria II, la Estacion do Rossio, la Praça dos Restauradores o la Iglesia de São Domingos, son lugares para visitar.


Chiado, el corazón la Lisboa romántica y literaria con el recuerdo en sus calles y cafés de artistas de renombre como Fernando Pessoa, Jorge Barradas o Almada Negreiros. Desde la Baixa y utilizando el elevador de Santa Justa se llega a este barrio bohemio, bullicioso, inolvidable. Este elevador, situado en el cruce de las ruas de Aurea y Sª Justa, es una torre de 45 metros de altura que fue construido en 1902 por un discípulo de Eiffel, Raoul Mesnier du Ponsard. Como visitas culturales tenemos el Convento do Carmo de estilo gótico y en ruinas desde 1775, las iglesias de Nossa Senhora de Loreto o Nossa Senhora dos Martires, la Opera de Lisboa o el neoclásico Teatro de São Carlos.

Bairro Alto, con sus calles empinadas, por su situación en lo alto de una de las siete colinas de la ciudad, callejuelas y callejones sin salida en un trazado caótico. Es un barrio que hermana la antigüedad y la historia con la modernidad y la sofisticación, donde confluye una mezcla multicultural de personas que forman un caleidoscopio atractivo tanto para visitar como para vivir. También es el corazón de la Lisboa noctámbula, donde la zona de Rato es su epicentro. Un barrio que te incita a recorrértelo a la aventura, sin planos ni mapas, para sin prisas patearlo entre cañas de cerveza, cafés, tés, libros y moda.

Como dijo Pessoa “La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”.

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