Madagascar, la isla mítica.

MADAGASCAR

Madagascar es la isla más grande de África y la cuarta más grande del mundo. Se encuentra rodeada íntegramente por el impresionante océano Índico y por un sin fín de historia recogido en cada uno de sus rincones. Entre las numerosas islas que lo componen, algunas de las más codiciadas son:

 

Fianarantsoa
Es el centro intelectual y académico de Madagascar y a la vez el centro de producción vinícola más importante. La ciudad es fresca y  sobre todo por la noche. Tiene tres amplios y separados niveles: uno de ellos es Basse-Ville, la más pobre y donde se sitúa la estación de ferrocarril y la oficina principal de correos; otro Nouvelle-Ville, la zona de negocios con bancos y un par de hoteles; y por último, Haute-Ville, que es el distrito más bello y que domina al resto de la ciudad y agrupa diversas iglesias.

Mahajanga
En el “Baie de Bombetoka” en la boca del caudaloso río Betsiboka, es el segundo puerto del país después de Toamasina. Es una ciudad calurosa y polvorienta, con bonitos paseos marítimos y un misterioso ambiente de confines perdidos. Una agradable caminata puede ser la visita al Circo Rojo, que es un anfiteatro natural lleno de color y alegría situado al norte del aeropuerto.

Taolagnaro
Disfruta de una situación llena de naturalidad y libertad, entre las montañas y el mar, con el clima más agradable de la costa este de Madagascar. Lo más bonito son sus alrededores: como el Pico St. Louis, desde el que se domina Taolagnaro con grandes vistas. Una buena excursión de un día es ir a Tranovata también conocida como “Islote de los portugueses”, un fuerte construido por náufragos portugueses en 1504. Se va desde la ciudad a la costa en taxi o en bicicleta, y desde allí en piragua. Otra buena excursión podría ser Manaflaty, a 35 kilómetros al norte de la ciudad, lugar con una extensa y blanca playa y una reserva natural que protege las últimas forestas húmedas de la costa de Madagascar.

Toamasina
Es el puerto más grande del país y se extiende por la línea costera. Es sin duda el destino favorito de los nacionales y es ideal para merodear un día disfrutando de su maravillosa arquitectura y de su vegetación tropical. La mejor atracción es el Jardín de Essai y Parque Zoológico de Ivoloina, zoológico y jardín botánico creados en 1898, a 12 kilómetros al norte de la ciudad.

La isla Roja
Tiempos infinitos de aislamiento permitieron que se desarrollara en Madagascar una flora y una fauna absolutamente distintas del resto del planeta. Todos los mamíferos de la isla, muchos de sus pájaros y más del ochenta por ciento de sus plantas no se encuentran en ningún otro lugar. Esto hace famosa a la isla entre los expertos y amantes de la vida silvestre.


Sin duda alguna, los lémures son el tesoro más codiciado de la isla. Se trata de primates curiosísimos que fueron desplazados de África por los monos. De ojos sorprendentes (o sorprendidos) tienen el nombre que los romanos daban a los espíritus errantes de la noche. Los lémures -unas cuarenta especies- son de tamaño diverso; aun así, desde el gigante indri hasta el delgado ratón lémur, todos parecen “adorables ositos de enormes ojos”.

También en esta isla se reproduce la mitad de los camaleones que hay en el mundo. Otra criatura totalmente inusual es el tenrec, un erizo que se considera de rasgos similares a los primeros mamíferos de la creación y el fossa, una especie de puma.
En las bahías hay una enorme variedad de originales peces exóticos, y sobre todo el coelacanth, llamado fósil viviente, ya que se consideraba extinguido desde hacía millones de años.

Nosy Boraha

Esta estrecha isla es considerada el principal destino turístico debido a sus impresionantes playas.
Históricamente sirvió como un asilo para los piratas del Índico. Y en “Baie des Forbans”, cerca de la capital de la isla de Ambodifotatra encontramos una misteriosa propiedad de los piratas “cemetery” que data de finales del siglo XVIII.
También importantes son la Playa de Ankarena, al sur, y Ambodiatafana Pools cerca del cabo norte de la isla. Al sur de Nosy Boraha está la pequeña y tranquila isla de Nosy Nato a la que se puede llegar en piragua.

“Todavía se siente como un paraíso perdido, con planta única y diversa vida animal”, dice Tom Hall, un escritor sede en Reino Unido por Lonely Planet.

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Perlas en Tahití.

Atrévase a recoger sus propias perlas

Las aguas del atolón Fakarava es rico en ostras que guardan las perlas más
codiciadas.
Recolectarlas es la nueva actividad que podemos hacer si visitamos Tahití.

“Hace cinco minutos que hemos salido del agua y apenas ha dado tiempo a que el tubo, las aletas y las gafas se sequen. Joachim, el dueño de la pensión y granja de perlas Havaiki, trabaja ya en una pequeña mesa de madera a la orilla de la laguna y bajo un cocotero. Raspa con un cuchillo el exterior de una ristra de ostras enormes, unidas por un cordel. “Elige una”, me dice. Señalo la primera y la coloca sobre un enganche metálico, donde comienza a abrirla con dificultad. Una vez abierta, rebusca en su interior con un pequeño gancho y extrae una brillante perla de 15 mm de diámetro que me entrega con cuidado. La sumerjo en el agua para limpiarla. Tiene una pequeña imperfección en la superficie, pero apenas se aprecia, es esférica y brilla in tono verde grisáceo único. No hay dos iguales y ésta es un magnífico ejemplar. “Vaya” -dice Joachim-, “es muy buena. A veces se gana y a veces se pierde”, y sigue abriendo el resto de las ostras.

 Esa perla es la razón por la que estamos en el atolón de Fakarava, el segundo mayor del archipiélago de las Tuamotu, uno de los cinco que forman la región de Tahití y sus islas. Esta zona del Pacífico sur está considerada como Colectividad de Ultramar francesa y tiene su propia moneda -el franco polinesio- y un gobierno autónomo.

Fakarava es uno de los pocos lugares del planeta a los que se le puede poner el adjetivo de paradisiaco sin caer en la hipérbole: Son 60 km de largo por casi 21 km de ancho, pero la mayor parte la ocupa una cristalina laguna interior de más de 1.100 km2 que se colorea a lo largo del día con los tonos turquesas y  azules que estamos acostumbrados a ver en las postales.

A Rudolf Jaeger, el dueño del White Sands Beach Resort, el tranquilo hotel
compuesto por una veintena de cabañas donde nos hospedamos, le gusta
bromear con los huéspedes. “Cuando me preguntan dónde está la piscina
del hotel señalo a la laguna y digo que tienen la mayor piscina del mundo
frente a su cabaña”.
Rudolf, nacido en Suiza, ha trabajado toda su vida en el negocio hotelero
y al lado de grandes figuras de la restauración, como el chef Jean-Georges.
Compró este pequeño resort en el Pacífico hace medio año. “Iba a abrir un
hotel de lujo en los Alpes pero este lugar es un sueño”. La mayor parte
de sus huéspedes son buceadores o parejas en luna de miel que huyen de
la masificación hotelera de otras islas y buscan un rincón remoto donde
perderse en una playa de arenas blancas.


Al otro lado del mundo.

TONGA Y SAMOA.
La cultura y el paisaje de la Polinesia permanece intacto en estos dos países del Pacífico Sur, formados por varios grupos de islas.

Éste es un viaje sin prisas para disfrutar del trato amable de los isleños,bucear entre ballenas y ver puestas de sol en playas de arena blanca.


Por supuesto, en esta maravilla natural también puedes hacer snorkel,buceo, pesca y pasear en kayak. Además, el agua tiene una gran visibilidad,de más de 30 metros, así que se permiten los fantásticos viajes submarinos en busca de barcos hundidos y cavernas maravillosas. También puedes pasear en kayak, llegar a una playa de arenas blancas y quedarte a pasar la noche bajo las estrellas… Este grupo de islas está compuesto por 72 islas en total pero sólo 20 están habitadas así que lo mejor es salir de exploración.